Canadá

ENCONTRANDO MI NIÑA INTERNA EN PARC OMEGA

Norway Reports

La vida está llena de sorpresas, mi historia la comparto para todos los papás que buscan actividades únicas para disfrutar con sus hijos.

Revisando mi galería de fotos como es común hacerlo en esos momentos de tráfico en los que te encuentras en la CDMX, me topé con aquellas de mi visita al Parc OMEGA. Honestamente después de conocer el Africam Safari, no tenía mucho optimismo de ver un zoofari en mi vista a Montreal, ¡más nos lanzamos! La aventura comenzó con José, nuestro guía, llegando con una gran bolsa de zanahorias y describiéndonos que este lugar ha funcionado como una reserva para enseñar a su población y a los turistas los animales silvestres de Canadá.

Entramos en la zona La Pradera (“The Meadow”) y pasando por el “nuevo camino” (gracias castores por cambiar el curso del río…) miles de “Rodolfos” se acercaron a nuestra van, ¡¡¡era como en los cuentos de Navidad!!! José abrió su ventana a lo que uno de ellos corrió a meter la cabeza para robar el delicioso pedazo de zanahoria que le ofrecía. De pronto me fijé que uno de ellos nos miraba a lo lejos, rápidamente pensé que era un reno joven por el tamaño de sus ornamentas aún pequeñas, a lo que José me corrigió y me dijo que la edad de los alces, renos y ciervos no se mide por sus ornamentas porque estas las mudan cada año. ¡Lo que uno aprende!

En ese momento mi entusiasmo cambió y como niña pequeña me pegué al vidrio de la camioneta.  Pasamos entre zorros blancos, coyotes, cabras Ibex, alces, un nido de castores  y uno de los más asombrosos: lobos, usualmente pensarías que son animales un poco más parecidos a nuestros fieles y amigables compañeros caninos sin embargo es impresionante ver su mirada fija y penetrante cuando te acercas a ellos.

Seguimos el camino hasta llegar a una zona abierta muy parecida a un prado y ¡aquí el viejo oeste apareció!  Grandes bisontes a pocos metros de nosotros, uno pensaría que nuestra van seria poca cosa en caso de encontrarnos con un macho que quisiera movernos de su camino, sin embargo son criaturas muy pacíficas.

Aprovechando una parada técnica nos llevaron a un pequeño paraje lleno de venados bastante golosos que esperan que bajes de tu auto para olerte y pedirte zanahorias. Como buena turista saque mi pedacito de zanahoria y se lo ofrecí a uno de ellos, paso segundo ya lo estaba abrazando  y rascándole el lomo a lo cual el venado parecía muy complacido.

El trayecto cerró al llegar a la Tierra de Osos y miren que estuvimos de suerte porque por la fecha podrían estar aún hibernando,  mas José Saco una zanahoria grande de la bolsa y la lanzó lo más lejos que pudo, como si esta hubiera sido un despertador dos grandes osos negros asomaron la cabeza y cual Baloo salieron todos adormilados y lentos de sus madrigueras y se acercaron para comer la zanahoria.  Uno de ellos al no conseguir zanahoria, tomó dirección hacia nosotros, cruzo el árbol que atravesaba su lago hasta una pequeña zona de pasto donde nos miró con ojos de “tengo hambre”. Como nunca creí verlo en la vida real se sentó en el suelo como si tuviera una mesa enfrente, todos como locos nos lanzamos a tomar la selfie del momento, su gracia le hizo ganar casi 4 zanahorias… el goloso finalmente lo logró. Baloo estaría orgulloso de su familiar, bien dice la canción: “¡Y la naturaleza te lo da!”

Aquí es en verdad donde te das cuenta de que cada lugar es único y que no importa si eres grande o chico la experiencia de estar en contacto con animales que jamás verás  en México. ¡¡¡Vale toda la visita!!!

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About the author

Vanesa Dulanto

Amo cocinar por herencia de mi abuela, soñadora y despistada, siempre hay tiempo para un café con mis amigas.

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