Emprendimiento México

CREANDO UNA MARCA DE DISEÑO DESDE INTERNET

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Norway Reports

Hoy en día vemos en redes muchos diseñadores, ilustradores, fotógrafos y artesanos con miles de productos. Muchísimos son originales y atractivos, y si la economía nos lo permitiera, compraríamos sus productos sin pensarlo, les daríamos dinero en Patreon o les invitaríamos su café por Ko-fi.

La realidad, sin embargo, hace un cuello de botella muy pronunciado entre los negocios que empiezan por internet y los que realmente se convierten en un negocio formal. Aunque parece que hay muchísima gente que ha logrado hacer su negocio por internet y ha conseguido hacerse de un nombre y posicionarse en su sector, la realidad es que hay muchos que se quedan en el camino.

Ya sea que hagamos diseños visuales, de ropa, ilustraciones o tomemos fotografías, la pregunta que tenemos todos es ¿cómo nos posicionamos como una marca desde internet? Queremos que nos vean y nos compren. Queremos comer de nuestro trabajo y que nos mantenga. Empezamos a diseñar, abrimos nuestras redes sociales, y luego sólo nuestra madre nos da sus likes. A veces ni eso.

No creo que haya una receta del éxito, pero sí creo que de cada caso se puede aprender algo, así que les presento el caso de una diseñadora que tiene productos únicos e innovadores para ver cuál fue su proceso y analizarlo.

Aplicando las enseñanzas de la familia

Elena Higareda es una persona, pero también una marca de diseño en crecimiento. En sus redes sociales podemos ver sus productos: bolsas, carteras, sandalias y cangureras tejidas con gancho. Sus redes nos permiten ver que hay una línea clara en sus productos que los hace reconocibles más allá de su etiqueta.

Elena tuvo un primer acercamiento a los diseños “un día que fui al pueblo de mi mamá, en Jalisco, y vi que mis primas tejían a ganchillo. Ahí conocí el hilo de yute, material que me gustó y que es parte ahora de mis diseños.” Pero la inspiración no llegó sólo de sus tías, “aprendí a tejer desde muy pequeña, mi abuela me enseñó a tejer a la edad de seis años. Con el tiempo fui aprendiendo algunas puntadas, y de ver algunas piezas en carpetas, cobijas y chambritas, empecé a tener noción de cómo diseñar en crochet.”

“Lo que hago es de muy buen gusto. Lo describo como sencillo, natural y elegante,” comenta Elena, y eso es parte de la primera impresión: productos con detalles sencillos vestidos por modelos en lugares comunes, y en actividades y poses cotidianas.

De ahí, todo se sumó para la realización de sus primeros diseños, los cuales vendió a conocidas —amigas, parientes y maestras de su escuela. Sin embargo, la idea de convertir un producto en una marca fue posterior, “se concretó el proyecto de ser diseñadora mientras trabajaba con un amigo diseñador, quien me dio más noción y me apoyó para darle mejor presentación a las bolsas que hacía a mano.”

Y trabajando en equipo

Así como su amigo diseñador que le dio confianza para dar el siguiente paso, el proceso de elaboración de las piezas, aunque es conceptualmente sencillo, no lo es tanto, y en algún momento requirió cooperación.

Pero encontrar el equipo de trabajo correcto para tu negocio nunca es tan sencillo. “Acá en la ciudad, intenté trabajar con tres señoras que tejían chambritas para vender. Les pedí ayuda con algunas piezas del tejido que después formaban parte de las bolsas.” También hay partes del proceso que requieren maquila o maquinaria de costura semi industrial. Depende del diseño qué tanto se tiene que comisionar.

Sin embargo, probablemente la cooperación más importante es la de su fotógrafa. “Cuando vi la necesidad de fotografiar mi producto, me apoyó, y me apoya, mi amiga Dulce Rosas, quien es fotógrafa. Con ella realizamos fotos de productos y con modelos.”

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“Fue mi amiga Dulce quien me comentó de Instagram. Lo abrí y me di a la tarea de sólo publicar mis diseños con fotos de productos y modelos. También doy información de los diseños —modelo y talla.”

¿Cómo va el negocio?

La creación de las redes sociales, sin embargo, no cambió las ventas en realidad. Sirvió para cimentar la imagen y recibir pedidos, pero eso implicaba el problema de cómo hacer llegar el producto al comprador. “Voy personalmente a dejar el producto al comprador. He dejado algo a consignación en los talleres de Coyoacán, y con una amiga que vive en San Pancho, en la Riviera maya.”

Alguien podría pensar que no es el curso de acción más adecuado, pero en cierta forma obedece al momento donde se encuentra Elena. “Por el momento no me interesa que sea un negocio ya que no sólo dedico mi tiempo a crear una marca, también estoy realizando estudios y tengo otros proyectos, además de trabajos donde percibo ingresos.”

“En el futuro espero realmente tener mi marca ELENA HIGAREDA. Espero vivir, en parte, de ella. Si es posible, me gustaría trabajar con mujeres y pueblos de comunidades en Jalisco y en la ciudad, y me gustaría apoyar sus iniciativas de la misma forma que yo recibí apoyo. Pues, me gustaría ser reconocida como diseñadora mexicana y regresarle al universo lo que me ha dado.”

¿Qué aprendimos?

Hay muchos detalles en esta historia. Muchos son comunes a otros emprendedores de hoy en día, sin embargo, hay puntos que claramente ayudaron a elevar su marca. Nosotros haremos un segundo artículo analizando más a detalle su caso, pero ¿a ustedes qué les parece? ¿Qué aprendieron? ¿Qué harían diferente?

 

 

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About the author

Luis Cedeño

Editor para JCI.
Corrector de Estilo en Castbord Consulting.
Especialista en lenguaje (a veces).