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Coronavirus: una enfermedad que afecta a la economía mundial

Norway Reports

La salud humana no es la única preocupación de la humanidad ante una pandemia o epidemia. Como sociedad, hemos creado un sistema muy vulnerable. Un sistema abierto parecido al cuerpo humano: la economía mundial.

El coronavirus (COVID-2019), con más de 45 000 personas infectadas y más de 1 000 muertes confirmadas en al menos 25 países, no sólo ha afectado y creado temor en las diferentes organizaciones e instituciones encargadas de salvaguardar la salud humana. Es un virus que también ha logrado infectar a la economía mundial, provocando inestabilidad en diferentes mercados de valores, divisas y commodities del mundo, especialmente en países asiáticos y, más concretamente, China.

Al igual que un cuerpo humano, las economías y los sistemas financieros dependen de un delicado equilibrio, y en un estado de alerta como en el que estamos viviendo, cualquier noticia puede tener una repercusión que, o se puede corregir en un abrir un cerrar de ojos, o puede requerir de tremendos esfuerzos.

¿Por qué un virus humano está infectando a un sistema no biológico?

Al final, la economía y las finanzas son un reflejo de la humanidad. En este caso, si muchas personas se enferman, la economía también lo hace. Pero, al igual que el cuerpo humano, la sociedad también reacciona. La memoria histórica de epidemias del pasado, combinadas con el conocimiento científico, nos ha incentivado a crear protocolos de contención para evitar mayores contagios y pérdidas humanas. Parte de estas contenciones es limitar la interacción humana, lo cual irremediablemente reduce la actividad económica.

El 23 de enero, las autoridades chinas implementaron medidas de contención, donde prácticamente se obligó a aproximadamente a 60 millones de personas a permanecer en sus hogares (11 millones, pertenecientes a Wuhan, la ciudad donde comenzó el contagio del virus). Esto quiere decir que 60 millones de personas dejaron de trabajar o de desarrollar cualquier actividad económica.

La fábrica del mundo detenida

China es la segunda economía más importante del mundo, aportando aproximadamente el 16% del PIB mundial. Su relevancia no solo proviene de su riqueza, sino de la dependencia económica de muchos países hacia ellos.

Las cadenas productivas de muchas empresas dependen de ellos al ser la fábrica del mundo. Sus industrias son grandes consumidores de commodities y su población, con un creciente poder adquisitivo, consume cada día una mayor cantidad de alimentos y otros productos. No olvidemos que la población de China es de 1.3 mil millones de habitantes.

Empresas reconocidas, como General Motors, Apple y Nissan, han detenido su producción hasta que haya una mayor certidumbre respecto a la disminución de los contagios. Y, como ellos, la gran mayoría de las fábricas han detenido sus operaciones. Esto no solo implica menores ingresos y mayores gastos para estas empresas, implica una afectación al total de la cadena productiva mundial.

Consecuencias para la economía mundial

La economía china creció 6% durante 2019, su peor año desde 2010. El coronavirus ha complicado su posibilidad de recuperación y redujo las expectativas para 2020 a 5%.  En cuanto al PIB mundial, el consenso entre los analistas es una disminución de 3.3% a 3%. Las industrias con mayores afectaciones a corto plazo serán el turismo, retail, automotriz y la eléctrica.

Lo que el virus nos enseña

Gracias a las precauciones tomadas por los gobiernos de China y otros países, se ha evitado una propagación más agresiva del virus. De igual manera, es importante poner en contexto que únicamente el 0.000031% de la población en China ha resultado infectada. Si ampliamos este calculo a los demás países con reporte de contagios, el porcentaje disminuye.

El verdadero efecto será económico y no se sentirá inmediatamente, al igual que en un cuerpo humano. Dentro de unos meses, cuando comiencen a emerger los primeros datos de las consecuencias del virus, tendremos que tomar la noticia de manera práctica. La economía es un sistema vulnerable y es imposible blindarla —inclusive de eventos biológicos—, pero podemos aprender y darnos cuenta que la dependencia a un solo país tiene sus riesgos y sus costos, y que la manera de mitigar esos riesgos es fortaleciendo nuestro sector productivo, especialmente en México, ayudando así a disminuir las consecuencias para nuestra economía de lo que suceda en otros países, no solo en China.

 

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